viernes, 26 de agosto de 2016

Poemas de ayer : En fuga



Nuestra historia
a punto de derrumbe.

La casa es un desastre.
Al jardín le queda poca vida.
Hay sillones vacíos,
y libros por el suelo.

La sopa quedó fría.
Y los vasos con restos de café
por cualquier sitio.

Y he pensado coger una maleta
y marchar
con destino imprevisible,
a cualquier parte.

Quedarán por los cuartos
palabras malheridas,
amaneceres rotos
y restos de naufragios.
Poemas no acabados.
Y ese tango de aquel atardecer
que tanto amábamos...

Las cortinas al viento.
Y el implacable frío del adiós.

Y llevaré
-muy bien amarradito-
tu último combate

y el plan irrevocable de olvidarte.

                                               (1-8-2011)

domingo, 21 de agosto de 2016

Poemas de ayer ... Y era verano



Verano era
un blues en la noche
y una luna insomne,
irreverente.

Melodía en dos notas
de pájaros nocturnos,
dos vasos de gin-tonic
con estrellas.
Undejaquemequede
en un susurro
y un vuélvemeallamar.

Y era verano
y tardes de concierto.

Y había golondrinas,
en la cornisa de la galería.
Y la brisa traía tequieros
y presagios de los abedules.

Y eras tú,
y tu brazo en mi hombro.
Y era yo, poema inacabado,
de existenciales
puntos suspensivos...

Folio en blanco,
en la caligrafía de tus dedos.




domingo, 14 de agosto de 2016

Momentos de agosto II



A veces, pienso que estoy sola.
Pero no. Casi siempre,
me acompaña una niña
de largastrenzasrubias.
Suele llevar un collar de flores.
-son flores celestes
del jacarandá-
Sus ojos verdeazul sonríen paz...

Cuando no está, la extraño.


              *****

Había perdido la esperanza.
La busqué en cajones
y en veredas.
En las noches insomnes,
en la estela delamadrugada,
en el árbol de hojas azules...

Y de pronto, un día,
       -desnuda como el agua-,
se posó en mi hombro.

Estoy aqui, me dijo...


               *****

Cuando llego
me abrazo a su tronco.
 Ella,
inclina su ternura hastamismanos.
Le sonrío.
Le agradezco su sombra y compañía.

Las dos, la higuera y yo,
cada día, a la caída de la tarde,
conversamos...

martes, 9 de agosto de 2016

Momentos de agosto



Sabes?... Quiero
un jazz-tango de Piazzolla.
Un gin-tonic fresquito,
a sorbos lentos.
Mil pájaros en los abedules.

La lluvia, cuandosucedeleve
por las calles veloces.
Tu abrazo sin fin.Tu calor.
Y también un poema.


            *****

Creo en la ternura.
Y en la locura.
En la caligrafía de tus dedos
encendiendo solesenmipiel.

En el calor de agosto
que abre de luciérnagas la noche.
En el sueño
de  un mundo mas justo.

Y creo en el amor. Aún.


            *****

Así soy. Despistada.
Irremediable.
De arboledas y arroyos
y flores silvestres.
De lluvia y soledad.

De blues tangos y baladas.
De sueños imposibles.
De poncho y gorro gris.

-El gris es un azul con pena, decías-...

martes, 2 de agosto de 2016

Las noches de Marisa ( Relato )



A las doce en punto, suena el timbre.  Una, dos veces... Como con prisa. Como con impaciencia...

Son las diez de la noche de un día cualquiera de verano. En el barrio tranquilo de las afueras de la ciudad, la gente descansa de un día de bochorno agotador.  Las calles, casi vacías, se visten de penumbra y de murmullos, que se escapan  por balcones y ventanas abiertas de las casas.

Marisa ha terminado de dar la cena a su hijo.  Como de costumbre lo lleva  a su cuarto para leerle el cuento de cada noche, que Pablito reclama antes de dormir.  Y mientras los ojos del niño, asombrados con la historia de turno, se van cerrando lentamente, ella recrea sus dedos en los rizos dorados.

En la cocina,  Clara, la abuela, termine de recoger la mesa y repasa la brillante superficie de la vitrocerámica,  Por la terraza,  de cualquier rincón del aire, se cuela una melodía de jazz, que arrastra en sus ondas un perfume penetrante de glicinas.

El reloj del salón marca las diez y media.
Marisa, tras una fugaz mirada al espejo del vestíbulo, besa a mamá en la mejilla y  desde la puerta,  dibuja con su mano un ademán de despedida.   Clara la mira largamente, pensativa y con una cierta
angustia. Pasa la mano por la frente, como queriendo ahuyentar una obsesión, y se sienta ante el televisor con el crochet en la falda.

 En tanto Marisa saca su pequeño deportivo y enfila hacia el centro, metiéndose en las brillantes fauces abiertas de la noche. Cuando abre la puerta de su coqueto mini-apartamento, está pensando en el fin de semana que pasará con Pablito, en el pueblo de la sierra.

Ahora comienza la transformación de Marisa. Su aspecto de chiquilla, va dando paso al de una sofisticada dama, a medida que maquilla con exageración sus bellos ojos, que recoge su pelo rojizo en un artístico peinado y cambia el sencillo camisero azul, por un elegante modelo de encaje negro...

A las doce en punto suena el timbre. Una, dos veces... Como con prisa.  Como con impaciencia...