miércoles, 1 de mayo de 2019

Monólogo VII



Llegué por unos días,
a la vieja casa de piedra
donde entonces, mi madre,
siempre estaba esperando.

-El camino de piedras blancas
borrado por la hierba.
Manchones amarillos
de florecillas y de jaramagos.
Y la gran higuera
que inclinaba, aún, su ternura,
sobre el pequeño estanque-

A su sombra,
mamá me contaba
pasajes de su vida...

Mamá...

Me envolvía
su calidez y su dulzura,
y sus ojos celestes,
donde brillaban,
miles de diminutos asteroides.

Revolviendo papeles,
encontré viejas fotos de Pablo
con su pelo revuelto, y sus ojos
de hermano tres años mayor.
Con el,
resultaba tan fácil reír
y soñar, e interpretar la vida...
Me ofrecía el regalo
de una aventura cada día
y de descubrir
estrellasdecolores en los charcos.

Llegué por unos días...

Ahora, ya no tengo
el abrazo tierno de mi madre,
ni la promesa
 de una historia de Pablo.

Ahora, me  siento en la hierba
y dejo que llegué la noche,
para ver sus sonrisas
en la cara pálida de la luna.