miércoles, 15 de mayo de 2019

Tankas de mayo, de ti
















Hay mariposas
como besos con alas
entre amapolas.
Hay cerezos en flor
y alondras sobre el río.


            *****

Quietud hondísima
en los acantilados.
Abajo el mar.
Una barca sin nadie
sueña mundos lejanos.


            *****

Locas gaviotas
profanan el silencio,
rozando el agua.
Es mayo en el ocaso.
Tus manos. Mi cintura.


            *****

 Aquella tarde
trémula de gorriones,
nos encontramos.
Ni tu ni yo sabíamos
que hacer con la ternura...


            *****

Hablas del mar,
de tu tierra lejana.
De amor, de besos.
De mi, hecha de bruma.
De ti, hecho de viento...


            *****

Será la luna?... 
Porque es primavera?
Porque la noche?
Por eso de la química?...
El caso es que te quiero.

martes, 7 de mayo de 2019

Piedras















 Rebaños
vestidos a la moda,
paseamos las calles
de  modernas ciudades sin alma,
usando los ojos
de reposacabezas
y el alma con burka.

Caminamos
tropezando ilusiones
y aparcando los sueños.

-Y el mundo gira
y gira, indiferente-

Entre tanto
los dueños de la espada,
intentan  convencernos
de que el hambre y las guerras
son consecuencia, inevitable,
de la realidad Global.

Que te pasa, poeta?:

No vas a tirar piedras
a sus superblindados ventanales?...








miércoles, 1 de mayo de 2019

Monólogo VII



Llegué por unos días,
a la vieja casa de piedra
donde entonces, mi madre,
siempre estaba esperando.

-El camino de piedras blancas
borrado por la hierba.
Manchones amarillos
de florecillas y de jaramagos.
Y la gran higuera
que inclinaba, aún, su ternura,
sobre el pequeño estanque-

A su sombra,
mamá me contaba
pasajes de su vida...

Mamá...

Me envolvía
su calidez y su dulzura,
y sus ojos celestes,
donde brillaban,
miles de diminutos asteroides.

Revolviendo papeles,
encontré viejas fotos de Pablo
con su pelo revuelto, y sus ojos
de hermano tres años mayor.
Con el,
resultaba tan fácil reír
y soñar, e interpretar la vida...
Me ofrecía el regalo
de una aventura cada día
y de descubrir
estrellasdecolores en los charcos.

Llegué por unos días...

Ahora, ya no tengo
el abrazo tierno de mi madre,
ni la promesa
 de una historia de Pablo.

Ahora, me  siento en la hierba
y dejo que llegué la noche,
para ver sus sonrisas
en la cara pálida de la luna.