sábado, 9 de noviembre de 2019

En algún lugar


A menudo
contemplaba sus manos
tercas de puro acariciar.
De tanto y tanto ,
aprisionar la vida.

Cuando el alba,
ella ya estaba en pié,
las ventanas al viento
para atrapar el sol.
Se deslizaba leve por la casa
dando, colocando,
poniendo en orden...

Regaba los malvones
y cantaba,
con voz  de lluvia y rumor de olas.

Un día se descubrió cansada.

Recorrió la memoria
para hacer inventario
y contempló el libro de su vida,
como una larga suma
que llegaba al total.

Se sentó en la mecedora
y comenzó a morir...
Era de viento. Y el viento
la llevó de la mano.

Y en algún lugar, se abrió una puerta.