domingo, 24 de diciembre de 2017

Espíritu Navideño (r)

















Noche de paz.
Noche de amor...

Frente a estos versos que inundan estos días este mundo nuestro, pongo estos dos versos de un trágico poema de los niños Yoruba:

Llamamos a los vivos. No responden
Llamamos a los muertos. Ellos sí responden.

Frente a nuestros niños abrigaditos, bien alimentados, rebosantes de ilusiones  y sueños hechos realidad, pongo los millones de niños, que andan por ahí, castigados por el hambre y el frío. Millones de niños con las manos vacías, que sus sueños infantiles se niegan a llenar. Que viven y sueñan a la espera de proyectos que siempre llegan tarde. O que no llegan.  Niños, sedientos de protección, entre adultos insensibles, ciegos y sordos, en un mundo que solo sabe responder con cánticos gregorianos de imposibles paraísos...

Millones de niños, que lloran desamparo, huérfanos de padres muertos, durante guerras que provocan mentes desquiciadas.  Millones de niños que andan por ahí,  abandonados a su destino, en la calle o en oscuros campos de refugiados, esperando el milagro de una solución.

Hoy- Noche de paz. Noche de amor- con la varita mágica del tan repetido  espíritu navideño, confiemos en que un soplo de aire puro, nos inmunice contra la indiferencia. Confiemos en que la conciencia de los hombres, despierte de su letargo e intente cambiar el futuro. En que llegue por fin un día   con amanecer de proyectos cumplidos...  En el que el poema de los niños Yoruba pueda invertir su estrofa:

Llamamos a los muertos. No responden.
Llamamos a los vivos. Ellos sí responden.