domingo, 6 de junio de 2010

EL RELATO DEL MES : GRIS



Una bruma gris, espesa, se descolgaba de los árboles, borrando sus contornos y barnizando plantas y flores de brillante humedad.

Siempre me han asustado los análisis - que me saquen sangre y esas cosas - y un día así, no contribuía a mejorar mi ánimo, un tanto abatido.

Ya en la carretera, las luces del coche se alargaban en la niebla que mojaba el asfalto. Los limpiaparabrisas a intervalos, barrían con decisión la humedad que se obstinaba en pegarse a las lunas, haciendo casi nula la visibilidad. La ciudad se iba poniendo en marcha entre ruidos de frenos, bocinas y pasos acelerados.

La radio anunciaba las noticias de las ocho, cuando llegué a la clínica. A la entrada los macizos de begonias rojas, sobre una alfombra verde, pusieron una nota de color en mi espíritu, envuelto totalmente en gris.

La sala de espera confortable. Grandes sillones de pino dorado y juego de mesitas de cristal negro donde se amontonaban revistas y periódicos, se alineaban contra las paredes pintadas de gris. Bonitos cuadros de nuestra bonita ciudad. pero por el ventanal, solamente un cielo gris plomizo, sobre tejados de pizarra gris... Unicamente la copa de varios árboles del patio del fondo, pintaban manchas verdes, en tanta monotonía.

A mi lado dos jovencísimas, comentaban las fotos e imágenes a todo color, de famosos de turno y un señor mayor ojeaba el Diario Vasco.

Sacudí mi tedio y me dejé enredar en las ondas del hilo musical, que traía en ese momento la melodía "Cuando salí de La Habana". Evoqué el ya lejano viaje a Cuba. La memoria actualizó imágenes de esa bella isla y de la sencillez y espiritualidad de sus gentes. Luego disfruté con música de jazz y después seguí el ritmo de un bolero que lamentaba ausencias...

Un par de personas entraron en la sala. Él muy mayor, muy alto, bastante encorvado, llevaba un traje negro impecable.Alrededor de su cuello, destacaba la tirilla blanca que indica la pertenencia a una orden religiosa. La mujer, muy parecida físicamente a él , mucho más joven, lo ayudó a sentarse. Y allí quedó, inmóvil, con sus largas piernas, la espalda vencida, apoyadas las dos manos en un largo bastón con empuñadura plateada... Sus enormes zapatos, un cuarenta y cinco? brillaban a la tenue luz de la lámpara.
Pero lo que más llamaba la atención era la sonrisa que ocupaba toda su cara. Era una sonrisa imperturbable, permanente, como si llevara puesta una máscara...

Miré el reloj, que marcaba las ocho treinta y cinco. No puede ser, pensé... si llevo aquí ya un siglo... y me entretuve unos minutos ojeando un periódico.

Volví a mirar al hombre de negro. La misma inmovilidad. La misma sonrisa como esculpida en su rostro... En qué pensaría? Tal vez en su vida pasada?... Cuál sería su actividad?... Cuáles serían sus metas?... Cuáles sus ideales?...

Lo vi paseando por un gran parque acompañado de altos prelados, vestido de púrpura, arrogante en su elevada estatura y con la sonrisa, esa sonrisa, instalada en su joven y hermoso rostro...

Una enfermera pronunció mi nombre, y rompió en mil trozos la imaginada historia que estaba fabulando...
Luego, placas en diferentes posturas, sondeos electrónicos a mi atribulado cuore, una entrevista relámpago con el anestesista y bueno, todo listo por fin.

Antes de salir, eché una última mirada a la sala de espera. Y con la imagen de la sonrisa imperturbable del hombre alto de traje negro impecable y zapatones del cuarenta y cinco?... abandoné la clínica y me zambullí de nuevo en la neblina gris,
de una mañana de octubre.

22 comentarios:

Jose Zúñiga dijo...

Odio las salas de espera. Aunque con ese hilo musical tal vez menos, ah, La Habana, siempre La Habana
Y tus relatos, grises y delgados, alegres y tristes, como si tal cosa metiéndose por todos los rincones.
Aprenderé a escribir así?
Bs

Manu dijo...

A mi modo de ver un relato muy bien logrado. Un hecho trivial da lugar a una narración perfecta, hermosa y entretenida,
donde no falta ni sobra nada. Lenguaje sencillo y elegante.Muy bien retratados el personaje y el narrador.

Me ha gustado mucho y he disfrutado con su lectura. Enhorabuena y gracias .

Saludos.

Susana dijo...

Muy lindo tu relato, lleno de encanto y poesía y con tu sello personal, metiendote
como dice Jose, por todos los rincones, hasta en los del alma.

Besos y besos. Su

Arantza G. dijo...

Una música muy apropiada....jolines....para ponerse de los nervios.
Besos

Piel Roja dijo...

He seguido paso a paso tu simpático relato, me he sentado en esa sala de espera y hasta he continuado la historia que queda en el aire. Me ha hecho meditar en la decadencia que va dejando el paso de los años, que tan sutilmente planteas.
Me ha encantado su aparente sencillez y esa forma de narrar tan natural, pero tan poética, tan amena, tan llena de encanto.

Es siempre un placer pasar. Osvaldo

EL BUSCADOR DE ... dijo...

Aunque sea rutinaria veo cierto respeto a la prueba u operación que esperas, porque el relato es una bella descripción de ejercicios espirituales, de ahí el hombre de negro, menos mal la musiquilla del "nunca podré olvidar..."
Un beso de bolero.

Luisa Arellano dijo...

Nos llevas de la mano por un sin fin de momentos y sensaciones que por lo cotidiano y las prisas que arrastramos, suelen pasarnos inadvertidas.

Tu narrar descriptivo va destapando los tarros de todas las esencias y nos empapa en cada letra para hacernos sentir y vibrar, calados hasta los huesos, con lo aparentemente anodino.

Consigues hacer que parezca fácil lo que en realidad sólo se consigue con un buen dominio de la palabra y su técnica.

He disfrutado mucho, Soco.

Muchos besos.

Pedro F. Báez dijo...

Soco, tu imaginación corta la neblina gris como si fuera un machete en el cañaveral. Como cubano, te doy gracias por ese bello recuerdo que guardas de mi Patria y de mi gente. Como artista, te digo que no cesas de sorprenderme. Puedes hilvanar la más interesante narración de una sucesión de hechos aparentemente triviales, pero que prendieron y echaron raíces en tu imaginación. Eres un portento. Un beso grande para ti.

rubén dijo...

Escritura muy ágil.Que sabe a poco.Que da rabia que se acabe tan pronto.
Un beso

egomanias dijo...

Me encanta la grandeza de tu sencillez y la inteligencia de saber recoger los matices colorados de las jornadas grises. Es tan fluido tu cuento, que me deja con deseos de seguir leyendo.
Un abrazo.
Leo

Maica dijo...

Cuanto sé de días grises y azulados, de nieblas y destemplanza, de lluvias y gotas raras.
Un beso amiga soco tu relato para mí,,,,,, sin palabras.
Abrazos

mariajesusparadela dijo...

Sobran los periódicos con una imaginación como la tuya.
Si te hacen esperar un poco más, sales con una novela escrita.

Anónimo dijo...

Poema o relato. Todo en ti es poesía.

Abrazos. Luis

virgi dijo...

¿Cómo unos momentos tan de paso, nos los metes en la piel y nos haces estar sentados a tu lado, o enfrente, contemplando lo que contemplas, sintiendo lo que sientes...?

¡Ah, magia que te envuelve, querida Soco!

Graciela L dijo...

Conviertes un día gris en una fiesta de colores y de música. Sos genial (otra vez)

Besos porteños,dulces, dulces.

Julia Ester Cerles dijo...

He acompañado al narrador durante su espera. He aprovechado también para observar al personaje. Curiosamente, hoy leí en un Blog amigo una poesía que habla de la imagen que a cierta edad devuelve el espejo.
Pero hace tiempo que yo:
"he cubierto con lienzos el espejo./
no quiero ver los surcos de mi rostro/ cómo una sucesión de días que se fueron"
Muy bien logrado tu relato Soco. Un gran abrazo.

Amante de la poesía dijo...

Aunque persigo tu poesía, merece la pena leer tus relatos, llenos también de belleza y dinamismo, de hermosas imágenes y sensaciones.
veo en el fondo una reflexión sobre el paso del tiempo. Me ha encantado.

Maria Sanguesa dijo...

Como siempre, impecable e inquietante narración. Me gusta cómo partes de un hecho simple, para crear la atmósfera de sala de espera dentro de un tiempo gris, ya conoces lo que me gusta la niebla para mis cuentos de fantasmas, y resulta hermoso y significativo el paisaje neblinoso que pintas, con una buena parte de protagonismo y simbolismo en la historia del tiempo gris que pasa mientras se espera, tiempo perdido que nos convierte en imágenes congeladas dentro de un espejo... final abierto que te deja con ganas de continuar leyendo y te arrastra a abrir las preguntas del significado del hombre del alzacuellos y la sempiterna sonrisa. Muy bueno, Soco, te mando un abrazo muy fuerte desde el sol de Valencia.

beker dijo...

Un escenario ideal para dibujar un relato de este tipo, donde se mezcla de forma magistral el inquietante mundo de los hospitales, las sensaciones personales y todos esos detallalles que vas desgranando y que van dando cuerpo al escrito, felicidades, besos

INMA dijo...

Conocía el relato, pero me ha encantado volver a leerlo.

Un abrazo desde un poco lejos. Inma

Javier dijo...

Después de un tiempo sin pasar, me encuentro un relato que me ha atrapado y dejado una sensación maravillosa.

Vuelvo a felicitarte. Javier

Paloma Corrales dijo...

Esa es la famosa estética del zoom, donde lo trivial sale de la cotidaneidad para ser resaltado y narrado por alguien como tú que sabe captar y sabe plasmar. Delicioso en su sencillez.

Ya sé que es literatura, pero yo hago eso: fabular e imaginar las vidas de la gente, sobre todo en aeropuertos, salas de espera y estaciones, me encanta.


Besazo.