miércoles, 28 de abril de 2010

MIS POEMAS : ÉL



ÉL


Siempre mira la vida
de forma diferente.

Ama una ciudad
que no tiene nombre.
Un moderno edificio
es un paisaje verde para él.

Dice que el mundo está triste,
y compone poemas
y canciones,
para consolarlo.

Persigue sueños
aunque no los alcance.
Y navega en historias
que no tienen final.

Habita un mundo de utopías
donde todo es posible.

Para llenar vacíos,
fabrica fantasías.
Y se alquila una nube
para alcanzar el cielo...

Claro que existe:
Tiene las manos claras.
La mirada limpia.
El pelo crespo.

Y pájaros
que cantan en sus ojos

lunes, 12 de abril de 2010

EL RELATO DEL MES : UN COCODRILO EN MI VIDA



Como de costumbre, llegué tarde a casa. Como de costumbre, sola. Tal vez, un pelin bebida...
Al encender la luz del salón, descubrí unos ojos acuosos de color ámbar, que me miraban fijamente desde los almohadones del sofá. No podía creerlo: era un cocodrilo... Un pequeño cocodrilito de larga cola verde, ojos saltones, reluciente piel y una boca enorme que exhibía unos dientes afilados.
Tenía entre sus manos, ¿jugaba tal vez? el ovillo de lana de la bufanda, que yo aquellos días, estaba tejiendo.

Quizás fue mi grito o mi cara de asombro, lo que lo asustó, pues en un instante se perdió de vista; se escabulló sin dejar rastro.
Busqué debajo del sofá, debajo de la mesita, entre los cojines de las butacas, en la biblioteca... pero del bichito, nada.
Estaré soñando, me dije, Y como estaba demasiado cansada, me fui a dormir. Aunque, por si acaso, inspeccioné de arriba a abajo mi dormitorio, sin ningún resultado... Así que, "bonne nuit, le petit crocodile" , y me sumergí de inmediato en un profundo sueño.

Sobre las ocho, me despertó el sonido del despertador. Me despegué de las sábanas de un brinco y mirando con odio el reloj, me lancé a la ducha a trompicones, peleándome con los ojos y con las paredes...
Al abrir la puerta del baño, descubrí sobre las baldosas del piso, unas huellas que me hicieron recordar de golpe, el hallazgo de la noche anterior. También había huellas en el pasillo, en la cocina y en la terraza, entre los macetones de gazanias y malvones... Pero aunque busqué minuciosamente por todas partes, no pude encontrar "el cuerpo del delito".

Salí para el trabajo. El incidente me tenía nerviosa e impaciente, pero no comenté nada a mis compañeros de oficina. Ni siquiera después, a mis amigos.
Cuando volví a casa, entré de puntillas, sin hacer el menor ruido. Nada en el salón. Nada en el dormitorio... Pero a la tenue claridad de la luna que se colaba por la ventana de la cocina, pude ver una sombra alargada que se deslizaba urgente por el suelo de baldosas rojas. Giré el interruptor : Todo silencioso y vacío. Las puertas de los armarios estaban cerradas y todo en orden... Dónde diablos tendrá su escondite?

No hay duda : Un intruso se ha colado en mi casa. Y en mi vida. Pensará quedarse?

A veces, de madrugada, en el desasosegado silencio del insomnio, oigo ruidos por el salón, o por el pasillo. Sé que es él; el pequeño cocodrilito que quiere advertirme que aún sigue ahí.
Y al atardecer, cuando con mi libro favorito, me siento frente al ventanal, siento fijos en mi espalda unos ojos que adivino acuosos y de color ámbar. Pero ya ni me doy vuelta, convencida como estoy, de que no voy a descubrirlo.
Y sigo con mi vida rutinaria, con la permanente sensación de que "alguien" vigila todos mis movimientos.
Aún no he dicho nada a nadie. Acaso iban a creerme?...

Pero, eso sí, en casa no he vuelto a ver ni una mosca. Ni siquiera las polillas que en las calurosas noches de verano, se precipitaban alocadas, sobre la lámpara del porche, y la de la terraza.

Esta mañana, sin embargo, me enojé muchísimo, cuando me encontré la pecera vacía : mis pececillos de colores, regalo de un amor que tuve, habían desaparecido. El muy reptil, se los habrá devorado?...

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Hoy, a mediodía lo escuché en el telediario : La policía de mi barrio, se devana los sesos. Buscan a un extraño ladrón que entra misteriosamente en las casas, sin forzar puertas ni ventanas, y se dedica a desvalijar peceras. No toca otra cosa. No se apodera de dinero ni de cualquier otro objeto de valor. No revuelve cajones, ni armarios, como suele hacer, cualquier ladrón que se precie...

"El mundo está lleno de desequilibrados", sentenció el inspector de la policía, al entrevistador de la tele, mientras pausadamente, encendía un cigarrillo.

domingo, 4 de abril de 2010

MIS POEMAS




CRUCERO


De tanto en tanto
el faro,
paseaba su luz
por la cubierta.

Asoma la cabeza.
Comprueba
la soledad de la bodega
en sombras.

El cuerpo agarrotado.
Temeroso
de romper el silencio.

Salta.
Gana la orilla a nado.
Y se interna en el cañaveral
que cobija su miedo.

Y camina...

Lejos ya el mar
y más lejos su tierra.

Se apresuran las nubes
en lo alto.
Como espejismo
una ciudad lejana centellea.

Y sigue caminando...

En cualquier dirección,
hacia cualquier destino.
Disfrazando su hambre
y su cansancio,
con ilusorios pensamientos.

De tanto en tanto
el faro,
barría con su luz
el firmamento...

jueves, 18 de marzo de 2010

sábado, 13 de marzo de 2010

EL RELATO DEL MES




NÚMERO 12 4º A


Veo pasar la vida, desde el último piso de un viejo edificio de cuatro plantas. Está ubicado en un barrio modesto de una ciudad-pueblo. Y no tiene ascensor.
Muy temprano, la escalera se llena de bullicio. Es la hora en que la mayoría de los habitantes del bloque salimos de casa: al trabajo, a las compras, a la universidad, a la escuela... Entonces, los saludos, los gritos, las risas, traspasan las finas paredes de las viviendas. Comienza la vida y hasta los más remolones, se lanzan a ella.

Frente a mi puerta, vive un marinero. Tres meses en el mar y tres meses de continua borrachera. Como si no pudiera soportar la estabilidad de la tierra firme que pisa. Como si no pudiera soportar a su mujer, mal-encarada, mal-educada, mal-dita, dice él, que cada día le monta la bronca, no importa porqué...

A mi izquierda vive una anciana terca y protestona. Pasa una buena parte de su vida, subiendo y bajando la escalera, aferrada con igual empeño, al pasamanos y a un bastón.
El joven matrimonio del primero A, se ha ofrecido a cambiarle su piso, pero ella, desconfíada por naturaleza, no quiere aceptar. La vida le ha enseñado a no creer en ofertas desinteresadas... Y sospecha. Sospecha de todo y de todos. Hasta del simpático adolescente del primero B que cariñosamente y con insistencia, a veces se ofrece a servirle de ayuda, en su penosa peregrinación por la escalera.

Los tres pisos de la planta tercera, los comparten jóvenes estudiantes. Gente maja, despreocupada y alegre, que me traen nostalgia de mi época de universidad.

En el segundo A, viven los Aguirre. Él es profesor de un centro público. Rezuma afectada dignidad, desde la copa del sombrero, hasta la punta de los zapatos. Ella, cursi y anticuada, suele mirar - dicen - por encima del hombro a los vecinos. Tienen dos niñas gemelas que llevan todos los días, convenientemente uniformadas, a un afamado colegio de monjas.

Hilario - noventa y más años - , vive en el segundo B. Es un viejecito ágil, solitario y triste. Yo creo que se aferra a la vida, solamente para que a Julio - su único hijo, muerto en accidente, hace ya muchos años - , no le falten las dos rosas blancas que día a día, coloca con ternura junto a su retrato...

************

Al atardecer, la escalera vuelve a poblarse de gritos y de revuelo. Es la hora en que los dueños de los perros aprovechan, para sacarlos a pasear. La hora en que los jóvenes, salen a divertirse y los niños vuelven de jugar del parque. La hora en que las parejas, esquivan la luz de las farolas, cuando la noche, presumida y buscona, se pone de traje largo negro, con cinturón de estrellas...


Veo pasar la vida, desde el cuarto piso de un viejo edificio sin ascensor. Apoyado en el balcón, me gusta filosofar. Observar el río de asfalto, que divide en dos la avenida... Y jugar a adivinar la hora en que cada morador del edificio, regresa a casa: El marinero zizzagueando su borrachera, casi arrastrado por su mujer, entre insultos. La pareja del primero - amarraditos los dos - que tropieza con el profesor - despojado ahora de su dignidad - que en pantuflas y un tanto avergonzado, arrastra hasta la esquina, dos bolsas de basura...

Veo pasar el tiempo... Y los días se van sucediendo, uno a uno, fuertemente cogidos de la mano, todos iguales, todos con prisa, para convertirse en semanas, en meses, en años... En trozos de la vida.

martes, 9 de marzo de 2010

MIS POEMAS




TARDES AL SOL DE INVIERNO


Redondo y tibio
el beso de la tarde.

Un sol adelgazado
prende la cresta
de los abedules.
Y pasea sus manos
por mis labios,
como tu beso,
entonces,
tan suave y detenido.

Un libro abierto
descansa su pereza,
en la hierba brillante.

Amapolas
seduciendo a la brisa.

Y las horas que pasan
así, tan de puntillas...

En el bazar del cielo
liquidación de nubes.
Una valla de troncos
donde se duerme un gato...

y más lejos
la llamada insistente,
posesiva, del mar.

viernes, 5 de marzo de 2010

TESELAS PARA MARZO




Un mar impetuoso
bajo el cielo de marzo.

Allá, donde los sauces,
repiquetea el viento
su latido.

Tus manos en las mías.
En la mesa
dos vasos de gin-tonic.

Y el sol dormido en la bahía.


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La mañana colgada de una nube.
Fresquita lo justo.
Y perfumada.

El mar, enfurruñado,
se suicida en las rocas.

Invierno que se escapa.

Y de pronto estoy triste:
un pajarillo herido
ha venido a caer en mi ventana.