sábado, 3 de julio de 2010

MIS POEMAS : ESCENA





Los dos
son muy educados.

El salón de la casa. Ella teje.
Dos ovillos - blanco y negro -
bailan en un cestito.
Hay rosas rojas en una mesita.

Él mira la tele.
A menudo alarga el brazo
y acaricia la nuca - la de ella -
Ella sonríe. Lo mira y sonríe.

Él saca un cigarro.
Lo enciende.
El humo toma el espacio vacío.
Se adueña. Se expande.
Se recrea. Se demora.
Se queda...

Ella tose:
Podrías ir a fumar afuera.
- susurra -
Él apaga el cigarro
con un gesto de amable concesión.
Y el humo queda allí a mirarlos,
tranquilo...

Hay rosas rojas sobre una mesita.

Ella mira el reloj. Se levanta.
Sonríe.
Qué quieres para cenar ?

Los dos son muy educados...

martes, 15 de junio de 2010

TESELAS COLOR ESCARLATA




Paseo Nuevo. Un banco.
Tu sonrisa.
La tarde se ha dormido
sosegada y azul.

Los ojos se me escapan
mar adentro
persiguiendo una vela...

Y a mi lado estás tú.


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Estábamos.
Tú leías un libro. Yo escribía.
Sonaba una guitarra.

Brillo de sol lujoso,
naranjísimo,
moría en la ventana.

Estábamos.
Era dulce el silencio. Y la certeza
de sentirnos tan enamorados.


********************************


Voy a tu encuentro. Sigo
una ruta de estrellas
y de pájaros

- impaciencia de ti -
Hay luces en los charcos.

La noche se demora...
El autobús azul
abre sus hojas.


                                                

domingo, 6 de junio de 2010

EL RELATO DEL MES : GRIS



Una bruma gris, espesa, se descolgaba de los árboles, borrando sus contornos y barnizando plantas y flores de brillante humedad.

Siempre me han asustado los análisis - que me saquen sangre y esas cosas - y un día así, no contribuía a mejorar mi ánimo, un tanto abatido.

Ya en la carretera, las luces del coche se alargaban en la niebla que mojaba el asfalto. Los limpiaparabrisas a intervalos, barrían con decisión la humedad que se obstinaba en pegarse a las lunas, haciendo casi nula la visibilidad. La ciudad se iba poniendo en marcha entre ruidos de frenos, bocinas y pasos acelerados.

La radio anunciaba las noticias de las ocho, cuando llegué a la clínica. A la entrada los macizos de begonias rojas, sobre una alfombra verde, pusieron una nota de color en mi espíritu, envuelto totalmente en gris.

La sala de espera confortable. Grandes sillones de pino dorado y juego de mesitas de cristal negro donde se amontonaban revistas y periódicos, se alineaban contra las paredes pintadas de gris. Bonitos cuadros de nuestra bonita ciudad. pero por el ventanal, solamente un cielo gris plomizo, sobre tejados de pizarra gris... Unicamente la copa de varios árboles del patio del fondo, pintaban manchas verdes, en tanta monotonía.

A mi lado dos jovencísimas, comentaban las fotos e imágenes a todo color, de famosos de turno y un señor mayor ojeaba el Diario Vasco.

Sacudí mi tedio y me dejé enredar en las ondas del hilo musical, que traía en ese momento la melodía "Cuando salí de La Habana". Evoqué el ya lejano viaje a Cuba. La memoria actualizó imágenes de esa bella isla y de la sencillez y espiritualidad de sus gentes. Luego disfruté con música de jazz y después seguí el ritmo de un bolero que lamentaba ausencias...

Un par de personas entraron en la sala. Él muy mayor, muy alto, bastante encorvado, llevaba un traje negro impecable.Alrededor de su cuello, destacaba la tirilla blanca que indica la pertenencia a una orden religiosa. La mujer, muy parecida físicamente a él , mucho más joven, lo ayudó a sentarse. Y allí quedó, inmóvil, con sus largas piernas, la espalda vencida, apoyadas las dos manos en un largo bastón con empuñadura plateada... Sus enormes zapatos, un cuarenta y cinco? brillaban a la tenue luz de la lámpara.
Pero lo que más llamaba la atención era la sonrisa que ocupaba toda su cara. Era una sonrisa imperturbable, permanente, como si llevara puesta una máscara...

Miré el reloj, que marcaba las ocho treinta y cinco. No puede ser, pensé... si llevo aquí ya un siglo... y me entretuve unos minutos ojeando un periódico.

Volví a mirar al hombre de negro. La misma inmovilidad. La misma sonrisa como esculpida en su rostro... En qué pensaría? Tal vez en su vida pasada?... Cuál sería su actividad?... Cuáles serían sus metas?... Cuáles sus ideales?...

Lo vi paseando por un gran parque acompañado de altos prelados, vestido de púrpura, arrogante en su elevada estatura y con la sonrisa, esa sonrisa, instalada en su joven y hermoso rostro...

Una enfermera pronunció mi nombre, y rompió en mil trozos la imaginada historia que estaba fabulando...
Luego, placas en diferentes posturas, sondeos electrónicos a mi atribulado cuore, una entrevista relámpago con el anestesista y bueno, todo listo por fin.

Antes de salir, eché una última mirada a la sala de espera. Y con la imagen de la sonrisa imperturbable del hombre alto de traje negro impecable y zapatones del cuarenta y cinco?... abandoné la clínica y me zambullí de nuevo en la neblina gris,
de una mañana de octubre.

domingo, 30 de mayo de 2010

MIS POEMAS : PAISAJE



Lleno de luz y de cristal
Entre horizontes de nácar
y verano.

Tibio.
Como tibia la mar
que roza mis tobillos.

Escrito está en veredas
y en las verjas.
Al borde del arroyo
bullicioso,
crecido con las lluvias.

Es mi paisaje azul,
donde el ombú.
Donde el silbo-lamento
de la quena.

Donde las aves mágicas.

Donde el crepúsculo
en un mar que atardece.

A él vuelvo
en mis horas de nostalgia
a escuchar el rumor
- por un instante -
de la voz de mi madre.

Es mi paisaje azul:
el del recuerdo.

jueves, 20 de mayo de 2010

MIS POEMAS : SONRÍE



***Después de unos poemas "tristes", repongo éste que dedico
a Bletisa y a Maria Jesús, ambas enemigas declaradas de la tristeza.


SONRÍE


Lo sabías?...

La tristeza nos pone feísimas:
acelera nuestro envejecimiento,
sobre el horario previsto.

Ocurre
- dicen los científicos-
que el enojo y la angustia,
tienen un efecto negativo
sobre los telómeros...

- que no sé lo que son,
pero que existen-

O sea,
que pasarlo mal,
acelera a tope el calendario
y nos pone muy feas
y nubladas...

Un consejo:

Si alguien quiere darte
un disgusto,
recházalo. No, gracias.....

Y sonríe

domingo, 9 de mayo de 2010

EL RELATO DEL MES : JERICÓ




Jericó aún amodorrado, abre los ojos bajo el techo inclinado de su habitación. La luz de la tarde, le devuelve poco a poco la realidad de las cosas: su inmovilidad, la silla de ruedas... Del cuarto de su hijo le llega una música alegre que se enreda en el aire, hasta saturarlo. No puede precisar cuanto tiempo ha dormido, pero afuera, en la tarde, el sol aún brilla con fuerza.

Jorge, su hijo, entra con una bandeja y una amplia sonrisa en su cara de niño grande.
A merendar, viejito...
Coloca la bandeja en la mesita y acerca a ella la silla de ruedas. Con delicadeza, levanta a Jericó en sus brazos y lo coloca en la silla, envolviendo sus piernas inertes en una manta de cuadros. Luego se sienta a su lado a contemplar como su padre toma la merienda con excelente apetito...

******************

Con la silla pegada al cristal, Jericó contempla ahora la lenta caída de la tarde. El campo se extiende, alargándose hasta el infinito. Reverbera con el sol; parece casi abstracto. Al este, una ciudad se perfila desdibujada por la bruma. Jericó detiene su mirada en los desnudos edificios y suspira...
Junto a la valla blanca que rodea su propiedad, unas cuantas gallinas picotean la hierba, que la sombra de un grupo de árboles, mantiene fresca y reluciente.
Justo pintando la valla una mañana del verano pasado, había sufrido el accidente: el ataque que lo dejó sin habla y con las piernas paralizadas. Sin embargo, prisionero en la silla de ruedas, no siente pena de sí mismo; sino de su hijo, su única familia, que tiene que soportar su carga.

A lo lejos, en un recodo del camino, un resplandor brillante oscila varias veces, hasta convertirse en un vehículo largo y blanco.
Jericó observa el último sol en el vidrio de las ventanillas y comprende que ha llegado el momento. Mira instintivamente la maleta, apoyada contra el armario y pasea sus ojos tranquilos por las fotografías que cuelgan de las paredes: una mujer joven con un niño en brazos, un jovenzuelo montado a caballo, el mismo, ya mayor, vestido de soldado...

El coche largo y blanco, se detiene junto a la valla. El ruido de los frenos se mezcla con el ladrido de un perro y con el aleteo asustado de las gallinas...
Los ojos de Jorge están llenos de tristeza. Mira a su padre que está sereno, casi alegre diría, y lo abraza largamente. Jericó lo anima con los ojos y sonrie...
Dos hombres de blanco colocan a Jericó en una camilla y lo introducen en la ambulancia. Jorge acomoda la maleta y la silla. y vuelve la cara, para disimular una lágrima.

******************

En esa hora del crepúsculo, el campo está lleno de embrujo y parece que quisiera convertirse en nuestro confidente...
Jericó conoce muy bien ese trozo de tiempo, en el que la tarde se hace remolona y se entretiene en las cumbres, salpicadas aún de reflejos... Sabe que desde donde ha decidido estar desde hoy, añorará esas horas en las que sentado en el zaguán y sumergido en la magia del atardecer, solía recrear su pasado, con sus momentos felices...
Sin embargo, mientras la ambulancia deja atrás el perfil de su casa y de los árboles que la rodean, se siente feliz, porque ha regalado a su hijo la libertad.

Y mirando a través de la ventanilla, las estrellas que empiezan a asomarse en el cielo, piensa que mañana ha de ser un hermoso día de sol.

miércoles, 5 de mayo de 2010

MIS POEMAS : SONETO (a ritmo caprichoso)



LA SOLEDAD Y YO


Rota la noche.
Luces a lo lejos.
Farolas en la niebla,
tiritando.
La soledad y yo
deambulando,
buscando tu silueta
en los espejos.

Me encuentro con tu voz
a cada paso,
y no es verdad
el aire que respiro,
y no es verdad el agua.
Ni el suspiro.
ni concibo otro mundo
que tu abrazo.

Tú ya no estás.
El sol perdió su brillo.
En el jarrón,
dos rosas se desmayan,
y en mi ventana inquieto,
un pajarillo.

Rota la noche.
Sombra en los balcones.
La soledad y yo
deambulando,
buscando tu presencia
en los rincones.

***

No os gusta más?... A mí, sí