martes, 19 de febrero de 2019

Poemas de ayer : Noche (c)

















Caminamos la noche
cálida, limpia.
De un color que aún no se ha inventado.

Abajo el mar, acunando silencios.

Sobre la arena
una barca sin nadie,
sueña una lejanía.

Y en lo alto una casa
con un patio, una higuera, una fuente,
buganvillas y hortensias tras la valla.

El aire escribe allí su tiempo.

La campánula en flor
sube orgullosa por el enrejado
y pétalos de luna
llueven sobre los sauces.

En el porche un viejito
enciende su sonrisa
para saludarnos.
La mujer nos ofrece
limonada y pastel de frambuesa.
Nos invita a pasar, a sentarnos...

...Y seguimos caminando la noche.
Noche cálida.
Limpia.

De ese color que aún no se ha inventado.

                                * ( Publicado, en el lejano ayer, en la R. E. Kaixo )

jueves, 7 de febrero de 2019

Tankas al desamor











Quedó  una lágrima,
temblando en el café
de la mañana.
Y el hueco de tu coche
debajo del laurel.

          *****

Enojadísimo,
así, sin mas, marchaste,
sin el abrazo.
Yo dejé eltencuidado,
suspendido en el aire...

          *****

Afuera llueve.
Grita la soledad
su canto oscuro.
Nuestro cuarto es ahora
tres metros de añoranza.

          *****

Como mensaje,
como canción de ausencia,
como las lágrimas...
En las piedras del patio,
la liturgia del agua.

          *****

Ya solo queda,
olvidar quetequiero,
morir de ti.
Y despertar alondra,
arroyo o vendaval.


miércoles, 30 de enero de 2019

Hablan ellos : Sin flores y sin ti



Después de muchas lluvias
regresé
a la casa que alguna vez fue nuestra.
y el viento no me trajo
el eco de tu risa
ni me acercó tus dedos
a mis sienes cansadas.

La puerta sin cerrojo
el salón sin visillos.
 
Y aquella galería
con vistas a la playa
sin flores y sin ti.

En un frío cajón
encontré tu retrato
amarillo de olvido
y tus ojos, parecieron  brillar,
un instante en los mios.
Y un abrazo imposible
se desmayó en mis manos.

Y volví a la ciudad
donde a  veces te encuentro
a otro brazo colgada.
a buscar - tontamente-

tu presencia,

                      callada...



martes, 22 de enero de 2019

Relato : Pulvis eris


















Había triunfado. Llegó a lo mas alto que puede llegar un hombre. Poseía todo: Dinero, incalculable. Amor, cuanto quisiera calcular.  Poder, todo el que puede comprarse. Y, además, una salud de hierro,  a toda prueba.
Partiendo casi de cero, su vida había sido una vertiginosa ascensión.  Estaba en la cumbre y era plenamente feliz... Quien dijo que el dinero, junto con el  poder, el amor y la salud, no da la felicidad?...

Pero de pronto, empezó a apoderarse de él, una idea fija, obsesiva: la de su muerte.
No es que tuviera miedo de morir por ahora, ni por mucho tiempo. Solo, que él era escrupulosamente ordenado y  deseaba que ese cabo no le quedara suelto. Desde luego que no podía conformarse, con morir así, sin mas, como todo el mundo: Había logrado destacar, sobre la inmensa mayoría.  Vivía como quería y donde quería, así que - pensaba muy razonablemente- tenía derecho a elegir, donde y como pasar la eternidad.

Sobre su mesa de despacho comenzaron a amontonarse entonces, folletos de servicios funerarios para  poder escoger aquel que estuviera mas a tono, con su nivel de futuro muerto. Quería algo sensacional, algo que fuera inalcanzable para la gran mayoría de los mortales.

Vestidos de riguroso smokin, serios y circunspectos, fueros desfilando uno a uno por su mansión, los mas prestigiosos directores de las mas prestigiosas empresas de  Pompas Fúnebres, que fueron poniéndolo al día de los procedimientos mas modernos, de los ritos... Del último grito sobre la materia, vamos.

El primero, después de proponerle que garantizaba  el mas fastuoso funeral, solo comparable al de La Mamá Grande de Macondo, le ofreció las ventajas de la simple Cremación, con la opción de conservar las cenizas en fastuoso Panteón o esparcirlas bajo su árbol favorito.
El segundo expuso  su novísimo procedimiento: el lanzamiento al espacio de los restos mortales, previamente convertidos en finísimas cenizas,  introducidos en lujosas capsulas con nombres y fechas grabados en oro y con garantía de permanecer en órbita, setenta y tres millones de años, a  tres mil kilómetros, cielo arriba.
El Director de la Empresa Eternity Foundation of Florida,  fue mucho mas convincente al ofrecerle los servicios de un aparato de su invención, que conserva a los muertos como si de vivos se tratara.  Y que consiste en Pasar al finado, por la Cámara de Liofilización, en la que este es, como si dijéramos, envasado al vacío, mediante la evaporización de toda su humedad... Y que luego, embalsamado, maquillado y vestido convenientemente y para la ocasión, puede hasta quedarse sentado  en el sillón mas confortable del salón, con un vaso de wiskiy en la mano.

Le llegó el turno al último.  Antes de empezar a hablar, éste le ofreció una tarjeta negra, con un slogan en grandes letras doradas: Congelar. Esperar. Reanimar. Y aguardó inmutable, su reacción.
Los ojos color coñag de nuestro hombre, se abrieron desmesuradamente, al leer la última palabra: "Reanimar"...
Efectivamente, se trataba del método de Criogenización  que se basa en congelar el cuerpo inmediatamente después de su paso al "mas allá", de forma que se conserve intacto, hasta que la medicina del futuro, consiga reanimarlo y curarlo de la enfermedad que lo llevó a la tumba. Digo, al congelador.

Convencido de las ventajas de este último Servicio, el futuro cliente prometió al persuasivo ofertante, formalizar de inmediato el contrato, costosísimo por cierto
y por tanto,   solo asequible, a unos pocos privilegiados.
En poco tiempo, quedó todo dispuesto. Dejó establecidas normas para que su voluntad se trasmitiera  a los descendientes de generación en generación, para que llegado el momento oportuno de su vuelta al "mas acá" y fuera rescatado del reino del frío y las tinieblas, tuviera a su disposición todo lo que necesitara y deseara.  Y una vez todo en orden, respiró tranquilo.


Con  felices pensamientos,  conducía su Rolls esa apacible tarde  de otoño, de regreso a su mansión. Cuando atravesaba el puente que lo introduciría en la autopista, no llegó ni a enterarse, que un potente camión sin frenos se le venía encima, arrastrándolo con el al vacío.  Una gran explosión, tiñó de rojo el bello paisaje del atardecer...  Solo cenizas.

martes, 15 de enero de 2019

Porque es así



Te espera agazapada
al doblar un recuerdo.
Sentada en la añoranza
o en una melodía.
O tal vez escondida
en un rayo de luz.

Te busca a ti.
Y cuando te descubre,
se funde en tu vida.
Y ya nunca se va.

Porque es así:

Te regala una flor
o una piedra.
Un amor. O una herida.
Grita el dolor del otro.
Roza la piel del viento.
La desnudez del agua.

Inventa un mundo exacto,
donde todo es posible.
Pinta magia y color
en las imágenes.
Desenjaula metáforas cautivas

Y susurra en tu oído ese ritmo...

Porque la poesía es así:
Te toma de la mano, sin permiso.
Y cuando te habita,

ya es posible morir.

lunes, 7 de enero de 2019

Momentos : Tristeza de invierno

















La soledad hace auto-stop
por los caminos.
Bajo puentes de acero, hambre y hielo.

Por la orilla plomiza de la tarde,
como harapo de luz,
asoma un sol pequeño.

Siento mi corazón desabrochado:
Se arrastra junto a mi
la tristeza de invierno.


                    *****

Míralo.
Descalzo. Indefenso.
Diminuto.
Apenas si se ve, de tan pequeño.

Pajarillo del hambre...

Ahí está. Con la mano extendida
y mil interrogantes en los ojos.
Lo ves?...

No mires a otro lado, por favor.


                    *****

Horas de sombra y lunas rojas.
En alta mar, las olas,
con sus manos de algas y de espuma,
acogen los ahogados
en su vaivén de sal y caracolas.

Y el cielo enciende luces
de tristísimos soles.

Y yo,
sin flores, sin  gritos, sin poemas,
para arrojar al mar...

lunes, 17 de diciembre de 2018

Poemas de ayer : Eran siete abedules
















Crecían al borde del camino:
Eran siete abedules.

En sus ramas ensayaban trinos
los pajarillos nuevos,
y cada primavera,
el viento enamorado susurraba
viajeras melodías.

Pero un día
alguien
desde un despacho anónimo,
decretó su sentencia de muerte.

Ahora yacen,  verdes aún,
mutilados sobre el polvo del camino.

Verdes, aún.
Aún palpitando.

Nadie se les acerca.
Nadie oye su voz definitiva.
Solo
pajarillos inquietos,
vuelan su alrededor, desorientados,
tal vez buscando
su nido destruído.

Eran siete abedules.
Y vivían al borde del camino...