jueves, 18 de marzo de 2010

sábado, 13 de marzo de 2010

EL RELATO DEL MES




NÚMERO 12 4º A


Veo pasar la vida, desde el último piso de un viejo edificio de cuatro plantas. Está ubicado en un barrio modesto de una ciudad-pueblo. Y no tiene ascensor.
Muy temprano, la escalera se llena de bullicio. Es la hora en que la mayoría de los habitantes del bloque salimos de casa: al trabajo, a las compras, a la universidad, a la escuela... Entonces, los saludos, los gritos, las risas, traspasan las finas paredes de las viviendas. Comienza la vida y hasta los más remolones, se lanzan a ella.

Frente a mi puerta, vive un marinero. Tres meses en el mar y tres meses de continua borrachera. Como si no pudiera soportar la estabilidad de la tierra firme que pisa. Como si no pudiera soportar a su mujer, mal-encarada, mal-educada, mal-dita, dice él, que cada día le monta la bronca, no importa porqué...

A mi izquierda vive una anciana terca y protestona. Pasa una buena parte de su vida, subiendo y bajando la escalera, aferrada con igual empeño, al pasamanos y a un bastón.
El joven matrimonio del primero A, se ha ofrecido a cambiarle su piso, pero ella, desconfíada por naturaleza, no quiere aceptar. La vida le ha enseñado a no creer en ofertas desinteresadas... Y sospecha. Sospecha de todo y de todos. Hasta del simpático adolescente del primero B que cariñosamente y con insistencia, a veces se ofrece a servirle de ayuda, en su penosa peregrinación por la escalera.

Los tres pisos de la planta tercera, los comparten jóvenes estudiantes. Gente maja, despreocupada y alegre, que me traen nostalgia de mi época de universidad.

En el segundo A, viven los Aguirre. Él es profesor de un centro público. Rezuma afectada dignidad, desde la copa del sombrero, hasta la punta de los zapatos. Ella, cursi y anticuada, suele mirar - dicen - por encima del hombro a los vecinos. Tienen dos niñas gemelas que llevan todos los días, convenientemente uniformadas, a un afamado colegio de monjas.

Hilario - noventa y más años - , vive en el segundo B. Es un viejecito ágil, solitario y triste. Yo creo que se aferra a la vida, solamente para que a Julio - su único hijo, muerto en accidente, hace ya muchos años - , no le falten las dos rosas blancas que día a día, coloca con ternura junto a su retrato...

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Al atardecer, la escalera vuelve a poblarse de gritos y de revuelo. Es la hora en que los dueños de los perros aprovechan, para sacarlos a pasear. La hora en que los jóvenes, salen a divertirse y los niños vuelven de jugar del parque. La hora en que las parejas, esquivan la luz de las farolas, cuando la noche, presumida y buscona, se pone de traje largo negro, con cinturón de estrellas...


Veo pasar la vida, desde el cuarto piso de un viejo edificio sin ascensor. Apoyado en el balcón, me gusta filosofar. Observar el río de asfalto, que divide en dos la avenida... Y jugar a adivinar la hora en que cada morador del edificio, regresa a casa: El marinero zizzagueando su borrachera, casi arrastrado por su mujer, entre insultos. La pareja del primero - amarraditos los dos - que tropieza con el profesor - despojado ahora de su dignidad - que en pantuflas y un tanto avergonzado, arrastra hasta la esquina, dos bolsas de basura...

Veo pasar el tiempo... Y los días se van sucediendo, uno a uno, fuertemente cogidos de la mano, todos iguales, todos con prisa, para convertirse en semanas, en meses, en años... En trozos de la vida.

martes, 9 de marzo de 2010

MIS POEMAS




TARDES AL SOL DE INVIERNO


Redondo y tibio
el beso de la tarde.

Un sol adelgazado
prende la cresta
de los abedules.
Y pasea sus manos
por mis labios,
como tu beso,
entonces,
tan suave y detenido.

Un libro abierto
descansa su pereza,
en la hierba brillante.

Amapolas
seduciendo a la brisa.

Y las horas que pasan
así, tan de puntillas...

En el bazar del cielo
liquidación de nubes.
Una valla de troncos
donde se duerme un gato...

y más lejos
la llamada insistente,
posesiva, del mar.

viernes, 5 de marzo de 2010

TESELAS PARA MARZO




Un mar impetuoso
bajo el cielo de marzo.

Allá, donde los sauces,
repiquetea el viento
su latido.

Tus manos en las mías.
En la mesa
dos vasos de gin-tonic.

Y el sol dormido en la bahía.


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La mañana colgada de una nube.
Fresquita lo justo.
Y perfumada.

El mar, enfurruñado,
se suicida en las rocas.

Invierno que se escapa.

Y de pronto estoy triste:
un pajarillo herido
ha venido a caer en mi ventana.



lunes, 1 de marzo de 2010

TARDES DE POESÍA EN ALTXERRI IMÁGENES





EXPONGO


Yo
poeta solitaria
con gruesas gafas
para ver
un mundo que no entiendo.

Hoy
bajo un guiño de luna
y frente a tu retrato,

Expongo:

Que a mis noches
le falta tu ternura.
Y a mis brazos tu abrigo.

Que en mi archivo de música
no encuentro,
la que escuché contigo.

Que colecciono otoños,
noches de luna entera
y mapas
con señales del pasado.

Que me sobran silencios.

Y que almaceno versos
amarillos de olvido.




CAZADORES


Una paloma muerta
bajo octubre
esa mañana tibia,
herida de disparos
y ladridos.

Hay un temblor
de lágrimas,
en los ojos de un niño
que no entiende la muerte.

Estremecido
por ese crimen diminuto
que derriba pájaros
en vuelo.

Una paloma muerta
bajo octubre.

Hay un niño que llora.

sábado, 20 de febrero de 2010

MIS POEMAS



PORQUE ES ASÍ


Te espera, agazapada,
al doblar una esquina.
Sentada en la escalera
o columpiándose,
en un rayo de luz atardecida.

O cabalgando
espacios de asteroides
y tiempos sin cronómetros.

Te busca a ti,
a ti precisamente...

Y cuando te encuentra
te toma de la mano
y no te suelta.

Porque la poesía, es así.

Reinventa tu mundo.
Pone magia y color
a las imágenes.
Desenjaula metáforas cautivas.

Y susurra a tu oído
ese ritmo...

La poesía es así.
Se cuelga de tu brazo
sin pedirte permiso...

y ya,
nunca se va.

lunes, 15 de febrero de 2010

EL RELATO DEL MES




MARIPOSA

Papá apartó el edredón a cuadros de mi cama, con cálida suavidad:
Anda nena, despierta...
Umm, Papá, déjame un poquitín más...
De eso nada, cariño. Hoy vamos a visitar a mamá.

Mi ropa limpita sobre la silla, el desayuno en la mesa y la permanente ternura de mi padre, ayudándome a calzar mis botas nuevas.

Yo estaba contenta. Cuando visitábamos a mamá, siempre estaba contenta a pesar de que la echaba mucho de menos y no comprendía por que no estaba en casa con nosotros como antes.
Por qué no puede salir de ahí, todavía?... Dí, papá, por qué?..
Y papá apartaba sus ojos tristes y decía:
Porque está castigada. Mamá cometió una equivocación y la gente que manda, la castigó por eso.
Cómo cuando tú me dejas en mi cuarto, sin salir?
Eso es, nenita, eso es.

Tizón, mi gato, nos acompañaba hasta la salida, caminando con mucha elegancia, por las piedras blancas que forman el camino. Miraba con sus brillantes ojos verdes, mis botas limpitas y me decía con su lenguaje de gato, que me esperaba para jugar en la alfombra roja de mi cuarto.
Desde que murió mi hermanito y mamá no estaba en casa, Tizón ocupó un lugar mucho más importante en mi vida: Jugaba conmigo, me acompañaba a todas partes, y hablábamos de todo: de lo bonita que era mi muñeca nueva, de los colores de los pájaros que revoloteaban por el jardín, de que había que recoger los juguetes antes de ir a dormir...

Yo estaba contenta. Me encantaba ir a la cárcel a visitar a mamá. Tantos guardas simpáticos que me acariciaban el pelo y me llamaban rubita, tantos pasillos tan largos, tantas puertas de hierro que se abrían y se cerraban solas...
Y me encantaba que mamá, tan bonita, tan joven, me levantara en brazos y me apartara muy seria, " a ver mi nenita, cuanto ha crecido"... Y que me apretara fuerte en un abrazo largo, largo, y me besara muchas veces...
Y yo acariciaba su pelo tan largo, tan fino y miraba a papá, y a sus ojos , siempre tan tristes...


Mamá llegó a casa, esa tarde de primavera y el sol entró con ella, iluminando todos los rincones. Contemplaba todo, como si lo acariciara: la terraza con sus recién estrenadas flores, los muebles relucientes, las cortinas que danzaban con el aire...
Pero de pronto, sus ojos se ensombrecieron cuando los detuvo en una fotografía de la chimenea. Allí, mi hermanito sonreía, levantando en sus manos un enorme balón.
Mamá se quedó quieta, como paralizada y yo sentí como un negro abejorro, que me hurgaba por dentro... Aquella misma noche, oí que lloraba y le decía a papá: "es inútil, no podré superarlo".

Vinieron días buenos. Maravillosos. Mamá estaba alegre. Me llevaba a la escuela y al parque. Me compró juguetes y vestidos y jugaba conmigo. Yo vivía un sueño feliz y la tristeza escapó de los ojos de mi padre.

Pero pronto, y yo sin saber por que, llegaron días malos. Mamá perdió la alegría y deambulaba por la casa como una sombra. O pasaba horas enteras encerrada en su cuarto, con la mirada perdida, en un mundo en el que yo no podía entrar.
Luego empezó a salir sola, y a volver muy tarde. Y entonces discutía con papá y le decía cosas horribles. "no me toques, no vuelvas a tocarme nunca"...
Y yo imaginaba los ojos otra vez tristes de mi padre y me tapaba la cabeza con el edredón y repetia muchas, muchas veces "papá te quiero". "mamá te quiero"... hasta quedarme dormida.


Tizón y yo jugábamos en la alfombra, y ellos discutían. Papá hablaba y hablaba y mamá gritaba. Por la puerta abierta de mi cuarto, yo la veía con los ojos hinchados, y como se llevaba la mano a la frente como si quisiera contenerla. Y de pronto empezó a poner ropa en una maleta y salió dando un portazo. Al pasar delante de mi cuarto, sólo me miró. Me miró largamente, con una expresión que yo no conocía y con los ojos llenos de lágrimas - cuando pienso en mamá, siempre la veo así, con los ojos llenos de lágrimas - . Yo me quedé con los brazos extendidos, y le pregunté a Tizón por que se había marchado... Pero él no quiso decirme nada.

Después, papá vino a mi cuarto. Intentaba sonreír, pero tenía los ojos más tristes que nunca. Dijo que yo ya era mayorcita, y que estaba seguro de que comprendería. Y empezó a hablar, a hablar...
Pero yo me había convertido en mariposa, y ya volaba alto... Alto y lejos.