miércoles, 20 de marzo de 2013

Poemas de ayer : Requiem




... lo decidió
evocando aquel blues,
esa tarde insumisa
de fantasmas.

   Se vistió
como si fuera fiesta.
Acarició el retrato,
recreó una nostalgia.
Y salió
con el paso resuelto.

Compró una flor
que regaló a una niña.
Saludó a un viejecito
-como si fuera amigo-

Siguióel vuelo de un pájaro.
Envidió a una pareja.
Ofreció unas monedas
a un pequeño mendigo.

Cristales rojos
mas allá de la arena.
Era invierno
y la tarde dolía...

Evocó una familia
-como si la tuviera-
Hizo un guiño a una estrella ,

y silbando aquel blues,
se perdió por el agua...

Solo el mar lo sabía.

lunes, 11 de marzo de 2013

MIS POEMAS : NOCHES















     ********** Estais todos invitados

                          

Hay noches
sin nada especial.
Sin música de jazz.
Sin poemas. Sin flores.
Noches sin mas.

Noches de café amargo
y el silbido del tren
a la distancia.
De pájaros errantes
y palabras que se rompen
en los labios.

Noches
que vagan en voz baja
por la casa.

Sin estrellas fugaces.
Con sombras -sin embargo-
y con fantasmas.

Hay noches
con mensajes de silencio.
Con techo de neón y celuloide.
Con la melancolía amordazada.

Noches
con farolas con arritmia.
Con la ternura
de brazos caídos.
Con sueños
que pierden la cabeza.

Noches en coma.
Sin arrugas en la almohada,
Sin puertas a otras puertas.

Noches sin ti.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Relato : Sylvia



Conocí a Kiko  ese verano en un pequeño pueblecito costero, donde ambos coincidimos en vacaciones. Era un chico estupendo y pronto nos hicimos inseparables.

Solíamos dar largos paseos en bici, para sentarnos en las escarpadas rocas a charlar o tirarnos en la hierba para observar las gaviotas en pleno vuelo, con el contundente blanco de su plumaje destacando sobre el territorio azul en el que se confunden  cielo y mar.  Y fue una de esas tardes en la que el silencio se vuelve confidencia, cuando Kiko me habló de su pequeña hermana.

Tendría él seis o siete años, cuando se dio cuenta de que Sylvia era una niña diferente. Algún error en el momento de nacer o la caprichosa mutación de un gen, habría sido la causa.
Por lo demás, Sylvia era muy bonita, dulce y extremadamente cariñosa. Tenía el pelo dorado y unos preciosos ojos azules, pero su nivel intelectual no superaría nunca el de primero de básica.

Kiko la adoraba y creció defendiéndola de cualquier burla que los demás niños le hicieran por su especial manera de hablar.
 Se sentía orgulloso de llevarla a todas partes, de jugar con ella, de enseñarle multitud de lugares y de cosas...
Y sobre todo, se sentía orgulloso de recibir a cambio, ese especialísimo cariño con que la pequeña Sylvia le correspondía. Lo había convertido en su héroe indiscutible, y él hubiera deseado ser tan grande y tan maravilloso, como lo veían los ojos de su hermana. Todo eso me contaba Kiko esa tarde.



Sylvia crecía irremediablemente y llegó el día que tuvieron que confíarla a una institución especializada, donde afortunadamente a través de métodos adecuados y dedicación plena, supieron tratarla con el cariño de la familia.  Y allí Sylvia aprendió  entre otras pequeñas cosas, a escribir unas sencillas cartas que Kiko recibía lleno de nostalgia y culpabilidad.
Me dejó que las leyera. En una de ellas decía:  Ya voy escuela y trabajo en cuaderno. Te mando besos. Te quiero. Un torpe infantil dibujo de unas flores desgarbadas, ilustraba la carta.

Avanzaba perezosa la tarde. Sentados en la arena, mirábamos un mar quieto, insondable, misterioso como la vida. Soplaba una brisa suave y las gaviotas  flotaban en el aire como si estuvieran pintadas en el cielo. Una cayó de pico y se elevó con un pez plateado. Otra, volando a ras, le arrebató la presa, huyendo hacia el acantilado.

Kiko apretaba en su mano las ingenuas cartas de Sylvia. Miraba la lejanía y en su cara le brillaban gotas de agua de mar, o eran lágrimas?... Y yo lo envidié, por ser capaz de sentir un cariño tan pleno, pensando que a mi también me gustaría ser el hermano mayor de una niña así de especial.



sábado, 9 de febrero de 2013

Qué hacer con la tristeza?





Te pedí que te fueras
esa tarde
que auguraba tormenta.

Esa tarde
de arenas movedizas,
cuando dejamos libres
las certezas.

Tal vez fuera en otoño,
un mes que no recuerdo.

Pero sí, que lloré.

Lloraron los espejos,
las veredas,
la luz de las farolas.
Los paisajes.
Los silencios.
Los pájaros.

Y llovieron verdades
de los tejados
y de las azoteas.

Luego,
vinieron días
de tristeza y vacío.

Qué hacer con mi ternura?
Con las noches blanquísimas?
Con la canción aquella?.

Dónde esconder el miedo?

Cómo recorrer calles
sin mi mano en tu mano,
sin tu brazo en mi hombro?

Qué hacer con la tristeza?

Qué hacer
con los pájaros negros
de las noches eternas?..

jueves, 31 de enero de 2013

Poemas de invierno





Only  you      
                      * Para Fer



Quédate un poco mas.
No te vayas aún.

En el cuarto en penumbra
la noche se desnuda.
- Afuera,
la luna en asamblea
de tejados -
Un blues en el aire.

Y tú.

La magia se encarga
de todos los detalles:

Del abrazo al café
y del café al abrazo.
Un sorbo de licor.
Un cigarrillo.
Un poco mas de azucar
en el mate.
Un poco mas de luna
en la terraza.
Enero en los cristales...

Y solamente tú.

Anda,
quédate un poco mas.

No te vayas aún.

domingo, 27 de enero de 2013

El relato del mes : Así de sencillo













Desperté con un sobresalto.  La claridad del día me fue devolviendo poco a poco, todas las imágenes y todos los detalles borrados durante el corto y agitado sueño: La lluvia - mejor el chaparrón - de la tarde, el asfalto resbaladizo y brillante, multitud de paraguas abriéndose paso que se entrecruzaban, gente que corría buscando un refugio ocasional, coches que salpicaban insolentas las aceras...

Yo también iba a correr, pero me detuvieron sus ojos.  Semitirado en la acera, parecía herido.  Me acerqué : Estaba herido con un hilo de sangre corriendo por su cara sin afeitar.
Noté que hacía esfuerzos por levantarse, apoyándose en un banco, pero no lo conseguía. Y yo alli, parada como una estatua, empapada hasta los huesos.

Y fue un impulso. Me acerqué hasta él y le dije que quería ayudarle, que se apoyara en mi.  Sus ojos - profundos pozos sin luna - me miraron un instante y un esbozo de sonrisa se truncó en una mueca  de dolor.

Entramos en casa. Lavé y curé su herida, le ofrecí ropa seca, comida caliente y un calmante.  No hablaba, solo me miraba y sonreía. Le hice alguna pregunta; solo un gesto incierto y la sonrisa tímida. No me entendía?...  Y de pronto, cerró los ojos y se quedó profundamente dormido.

Y allí, delante de él quedé yo hecha un lío.  Qué es lo que había hecho? qué hacía, sola en casa con ese, tal vez, maleante. Un vagabundo? Una  de esas personas a las que siempre me habían  enseñado a temer? Por qué me había  comportado  como una insensata, como una irresponsable?
Lo cierto era  que un desconocido, quizá  peligroso, dormía en mi sofá. Acaso no podía ser un desalmado, un psicópata?

Adiviné los comentarios de mis amigos, de mi familia cuando mañana se enteraran : Pero, estás loca?  Sabes bien lo que has hecho?  Eres sorprendente. Cómo puedes ir por la vida saltándote todas las normas?  Es que eres increíble...

 Sacudí mis pensamientos : Quereis callaros? Es muy fácil de entender. Llovía a mares. Estaba herido. Solo. No tenía donde cobijarse y a mi me sobra espacio:  Así de sencillo.

Afuera la lluvia y el frío arreciaban. La ciudad y la noche descansaban en calles solitarias, llenas de sombras, ahogando sus últimos destellos de luz.
Me acerqué un poco mas.  Seguía apaciblemente dormido. Me conmovió su aspecto desaliñado, su pelo lacio le caía sobre la frente. Indefenso. Parecía un animal herido, perdido en la mitad del bosque. Si la cara es el reflejo del alma, - y de eso estoy bastante convencida - ese hombre era totalmente inofensivo.

Pensé en algunas opciones: Llamar al hospital o a la policía municipal. Pedir a un par de amigos que vinieran a pasar la noche en casa, pero me decidí por la tercera: confíar en él  y quedarme sola.  Apagué la luz y entré en mi dormitorio. Mañana será otro día.


Terminé de desperezarme. Ya, un sol incipiente, asomaba con timidez. Y haciendo el menor ruido posible, me acerqué al salón.  Todo estaba en silencio. Solamente una luminosidad entre azul y dorada, empujando tenaz por las persianas.
Pero el sofá estaba vacío. Una rosa blanca descansaba en el lugar donde la noche anterior, dormía ese desconocido.
             

lunes, 14 de enero de 2013

FANTASMAS






 Del sueño de la noche
van surgiendo
las angostas callejas
de Dublín.
Las montañas,
el mar,
y la torre que habita
el fantasma de Joyce.

Sobre una mesa de humo
descansa su sombrero.
Las gafas
y marchitos papeles
de colores.

-Cree estar solo-
Absorto en sus recuerdos
no escucha como llegan
en tropel
todos sus personajes.
Bloom,
Dedalus,
Molly...

Joyce vierte
un chorro de Dublín
y unas gotas
de páginas de ayer
en un cuenco olvidado

Y todos brindan.

Luego se desvanecen...



*** en el 72 aniv. de la muerte de Joyce